- Abrimos los ojos, nos elevamos unos metros sobre la horizontal del suelo y no nos vemos yacentes, ni rodeados de familiares y amigos. Sabemos que estamos vivos.
- Abrimos los ojos y no vemos en nuestro radio-despertador la hora, acompañada de la misma música con la que nos despertó ayer y antes de ayer y el otro; y al salir a la calle, ni ha caído una gran nevada, ni nos encontramos en la mítica Punxsutawney, hogar de la marmota Phill. Sabemos que no estamos atrapados en el tiempo.
- Abrimos los ojos antes de tiempo, girando 180 grados sobre nuestra vertical y vemos gente que corre y que intenta esconderse en lugares inverosímiles. Sabemos que estamos jugando al escondite y sabemos que estamos haciendo trampa.
Es un hecho que el hombre desde tiempos ancestrales se dio cuenta de lo relevante de dicho sentido en el ámbito de la expresión creativa respeto a sus otros compañeros. Hace 30.000 años el humano empezó a crear, marginando de forma selectiva al olfato, al tacto, al oído y el gusto.
Aquellas gentes, peludas, con un lenguaje básico, mal olientes, faltos de tacto en su trato personal y poco cultivados en sus gustos, pensaron en la vista a la hora de crear. Según lo que nos indican los hallazgos arqueológicos, no hay restos documentados con creaciones musicales o con deconstrucciones de muslo de mamut. Parece un hecho que en los inicios de la civilización, los primeros pobladores y pobladoras realizaron pinturas e inscripciones en muros de cavernas, covachas y abrigos rocosos , quizás con el propósito de dar instrucciones, quizás como alusiones a sus dioses o quizás como simples ejercicios estéticos, pero lo cierto, es que fueron creaciones para ser vistas.

¿A qué nos ha llevado esta dinámica?
Fijémonos primero como la RALE define el arte "Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal… de lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros."
Ahora mezclémonos con el vulgo, nos dirigiremos a un centro comercial un sábado por la tarde y escucharemos lo que sabiamente dice la gente.
Delante de un escaparate de una boutique de lujo, alguien comenta a su pareja:
- “me encantaría ese …, me sentaría de miedo”.
- Responde el otro miembro, “diantres ese …, vale un ojo de la cara”.
- “No sufras, te querré aunque tengas un ojo a la virulé”.
Seguimos nuestro camino y nos sentamos en la barra de un bar. Nos detenemos a escuchar al jefe y vemos que le dice por encima del hombro en voz baja al camarero más eficiente. –“Me voy, confío en ti, eres mi ojo derecho”.
Hemos podido comprobar que tanto en los ambientes más cultos como en los más terrenales, la visión es un sentido con un gran valor.
Volvamos al mundo de la creación…
La tradición y la evolución histórica de la creatividad han construido un panorama artístico claramente discriminatorio. Nuestro entorno está invadido por creaciones generadas en la mayoría de los casos por imágenes. Imágenes fijas, en la publicidad o en libros y revistas, en las paredes de las galerías y los suelos de los museos y móviles o secuenciadas en las pantallas de cine y la televisión, en los teatros o en internet. Las imágenes creadas a través de técnicas clásicas o mediante las más modernas alternativas ofrecen un lenguaje simbólico de gran elocuencia y efectividad, siempre y cuando contemos a nuestro favor con el sentido de la vista.
Pero ¿poder mirar, determina ver?
Para responder a esta pregunta recurriremos a las sabias palabras de Mario Conde, personaje español de credibilidad contrastada, que nos comenta su visita a Celanova y Bande:
- “En demasiadas ocasiones miramos, pero no vemos. Y los símbolos están ahí, frente a nosotros y nos transmiten una información preciosa a condición de que sepamos leerlos…
…ayer estuve en Celanova y en Bande, tierras de Galicia. En la primera ciudad penetré en su monasterio. Al fondo del claustro se observa … una imagen. Yo me di cuenta en el acto. Los demás, no tanto. Pero renuncié a explicar…”
Por tanto, vemos que solo unos pocos tienen las llaves del lenguaje de los símbolos y de las cajas fuertes de los bancos. Ahora podemos Afirmar, no todos los que podemos mirar somos capaces de ver.
¿Y la evolución del arte, no ha solucionado esta barrera?
Muy al contrario. En el románico, en el gótico, en el barroco los símbolos estaban estandarizados, hoy cada artista crea su propio lenguaje simbólico.
Es un hecho, que el arte contemporáneo aún satisface a un público más restringido.
A la hora de acceder a las obras de arte de vanguardia nos hemos convertido en minusválidos intelectuales.
Solo una élite, aparte de mirar llegan a ver. Esa especie evolucionada tiene el privilegio de ver más allá de lo que aporta la simple acción de mirar, esa élite llega a entender la obra. Las últimas tendencias artísticas han creado un nuevo sentido que va más allá de poder valorar unos cánones estéticos establecidos, la creación contemporánea nos incapacita de forma severa, para poder diferenciar entre lo que puede o no ser bueno.
¿tiene remedio esta nueva minusvalía?
Efectivamente, tiene remedio y tenemos varias opciones:
- Podemos hacer caso a las sabias palabras de un Pastor Estético. Como dice Robert Hughes “el truco está en tener fe ciega al asumir que cualquier cosa que se haga en el campo de la literatura, pintura, la arquitectura, el cine, la danza, el teatro o la escultura, tienen valor conocido en tanto sean juzgadas por personas ajenas al mundo de la creación”
- Un minusválido intelectual tiene otra opción, hacerse con un lazarillo cultural o lo que es lo mismo, asistir a eventos artísticos acompañado de un guía. También podríamos empollarnos la biografía del creador en cuestión e intentar conocer la iconosfera de su obra.
Hemos de entender las reglas del mercado. Los críticos generan el Dogma de fe y agarrado al dogma vienen las cotizaciones. No os importe que el espectador no sepa ver vuestra obra, tampoco os importe si vosotros no entendéis vuestra obra … ,releed el consejo y encontrad un crítico reconocido.
Y ahora para entender de forma práctica como un espectador mira y ve una obra, realizad el taller y hacer prácticas con los miembros de la familia, amigos y allegados con tiempo libre:
Taller el LAberintO dentro de una caja:
Materiales: - Una caja
- Un muñequito o algún paquete de la socorrida platilina.
- Una cerradura de llave, de las que podemos encontrar en algún rincón de la caja de herramientas.
- Algo de maña
- Un artilugio para cortar, tipo serrucho y otro para hacer bujeros.
- Algunos listoncitos de madera.
Abrimos la caja y cortamos los listones de madera a modo de tablillas de diferentes tamaños. De forma aleatoria las iremos enganchando en el fondo. El resultado final debe ser algo parecido a un laberinto en cuyo centro podemos situar, por ejemplo el muñequito (el ninot puede ser moldeado).
Ahora en uno de los extremos de la caja realizaremos un orificio o bujero y lo remataremos con el frontal de la cerradura que hemos encontrado en la caja de los tornillos.
Una vez finalizada la obra, es necesario firmar en la parte externa del objeto artístico. Hoy ese detalle no vale nada, mañana posiblemente tampoco, pero quizás algún día…
Ya tenemos la obra lista ¿Qué vemos?
- Respuesta a. Si tenemos la caja abierta vemos claramente un laberinto y si nos ha quedado pulidito, incluso podemos exclamar, ¡que mono!.
Ahora cierra la caja y mira por la cerradura.

- Respuesta b. Ni pijo, nos cansamos de mirar pero no vemos nada .
Así de sencillo, viendo a tu madre mirar por la cerradura, entiendes como puede sentirse un espectador ante una obra de arte contemporáneo.
Esta vez no repitamos nada, pero hagamos el esfuerzo de currarnos a los críticos que tengamos a mano.
Cuestionario sobre el taller.
Y para acabar dos ciber-aportaciones de “creadores con hábitos” de hoy, transcritas literalmente y una historia de ficción: 



